miércoles, 23 de octubre de 2013

Hoy llueve, vuelvo a escribir... en mode nostalgias


    Tiene la figurilla más años que la Tana...y parecía tener  aún más años en  mi infancia, cuando con gesto de fastidio limpiaba el polvo los sábados por la mañana. Qué fea es,- pensaba-, y con lo que le gusta a mi madre...más trastos y cacharros...  Será por figuritas..y no se rompen ni a la de tres...

    No se rompieron, no.

    Ha ido peregrinando por casas,sobreviviendo  mudanzas. Reto para el feng-shui y alérgica a minimalismos ahora la miro con otros ojos. Con desafío adolescente yo la llamaba " la tía de la pelota" para provocar el escándalo materno,( también bautizada por ella "la Virgencita de madera", o la "Dama medieval"); hoy mirándola de pasada me he detenido, el tiempo se ha detenido. Y he recordado en esa pausa las horas y horas que pasaba mi padre en la cocina cortando, lijando, encolando listones y tablas, de las que salían después tantos y tantos muebles, entre ellos la figurita de marras.

    Me ha venido el olor a goma laca, disolventes e imprimaciones que acompañaron mi infancia de taller en casa. Entonces aprendí y ejercité la paciencia, la espera, la observación de niña que abre los ojos a todo, mientras las manos de mi padre -el carpintero- esperaban que le acercara la lima "cola de ratón", la lija del 8, "No esa no, la otra" , incluso los formones peligrosos " que cortaban un pelo en el aire", los destornilladores de estrella, las brocas y gubias... la del mango rojo, la del mango amarillo, todo ello poniéndome  el lápiz en la oreja y los rizos de serrín .

    Una tarde mi padre vino del trabajo  con un sobre misterioso; con esmero y delicadeza lo abrió y me mostró el contenido: ¡¡oro!!  ¡¡papelillos de oro como hojas de cuaderno!! Los ojos se me abrieron tanto que así se me quedaron para siempre. A los seis o siete años, sintiéndome niña rica, aprendí la técnica del Pan de Oro,  en poco tiempo, ya  sólo yo cortaba los fragmentos y los extendía sin que se arrugasen , mi padre me hacía creer que mis pequeños dedos eran  más firmes y que nunca estornudaba como él, levantando una nube de trocitos dorados... cada tarde me iba a hacer los deberes con unos  dedos mágicos dorados.Yo cortaba y él pegaba con un pincel impregnado de un líquido marrón los pedacitos dorados en marcos de cuadros , en espejos historiados llenos de curvas y caracolas.Con el tiempo yo también empecé a pegarlos, sintiéndome adulta en cada pincelada.

La "Virgen con una bolita " de mi infancia se cubrió de oro, pasando unos años más tarde  a ser aquella  "Tía  de la pelota" de mi adolescencia atea, iconoclasta, justiciera , revolucionaria y amnésica de láminas doradas. Ahora que la miro de nuevo con ternura, recibe otro nombre: " La  del Amor Hermoso" de mi madurez. Ahora incluso deseo encender una vela a su vera...
Ahora ya no deseo desprenderme de ella, pero creo que nadie  que la ve, entiende el  porqué, (pues la miran con ojos de trapo del polvo en vez de ojos de oro, restas con llevadas, nocilla  y pincel.)


                                       Útiles para la técnica de "Pan de Oro". Museo de Girona

*Pequeño video tutorial para hacerse una idea :
http://www.youtube.com/watch?v=mjBpC08z0pU

18 comentarios:

  1. No conocía la técnica pero sí el olor del que hablas..."huele al taller"....que hubiese dicho yo. Preciosa historia

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    1. Sí, ese olor que tenemos codificado jejeje
      Besos.Lenteja

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  2. Yo sí que entiendo porqué te quedas con ellas, y porqué ahora ya no es la Tia de la Bola. ahora es algo mucho más importante Lenteja. Nos hacemos mayores, y con los años aumenta la nostalgia y la ternura qeu habita en nosotras.

    Un beso fuerte

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    1. Bueno, lo de la Tía de la pelota es un buen nombre... jejeje ¿Mayores? Maduras, maduras tiernas ;)
      besos.Lenteja

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  3. llevaba varios días pensando que cuánto tardabas en publicar
    pero veo que la espera ha merecido la pena.
    un abrazo.

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    1. Gracias, es un regalo tu elogio. Sí que llevaba días, sí...
      Besos.Lenteja

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  4. A los objetos les prestamos alma y en algún momento volvemos por ella.
    Pasan los años y las revoluciones...
    Un beso, lentejilla.

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    1. bueno, hija, será por revoluciones... internas, externas... Sí que ponemos alma en este caso era en préstamo. Cierto
      Besos.Lenteja

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  5. Mi madre los sábados también me colocaba el trapo en una mano y el plumero en la otra, lo odiaba y en vez de hacerlo rápido para acabar me pasaba todaaa la mañana canturreando.
    Algunos de los objetos que “limpiaba” los tengo en casa y otros en la masía, me gusta conservarlos, es una forma de mantener un vínculo permanente con los recuerdos.
    Me alegra leerte de nuevo, una abraçada.

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    1. Gracias Rosa M. Es mantener de alguna forma en el presente las emociones del pasado , o sorprenderte cuando éstas te "explotan".
      Besos.Lenteja

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  6. "Madre del amor hermoso". Una frase de la mía.

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    1. Síiiiiiii, yo también lo digo jejejeje
      Besos.Lenteja

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  7. Es curioso cómo al hacernos mayores le cogemos ese cariño a los objetos mas kitsch de nuestra infancia!

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  8. La figurilla tiene su aquel, Lenteja; pero teniendo como tiene tanto valor y sentido para tí, bien se merece ese (y este) espacio cuidado y dedicado.

    Besos, desde la balcanada.

    P.D Empezaba a echarte de menos. Gracias por compartir un momento de recuerdo en mode nostalgia. Ha sido muy lindo

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  9. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  10. mi padre era carpintero y yo tambien le ayudaba a trabajar. Antes de empezar ajustabamos el precio del trabajo, y al rato cuando me cansaba le decía que no trabajaba màs si no me subia el precio. Asi pasaban las horas entre trabajos de serrin y negociaciones, y cuando no me miraba le quitaba el cigarro y le daba chucladas ràpidas.


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