Mi padre, el carpintero,se quiebra de nuevo.
Como la patita de un gorrión,como una rama seca,
se rompe como una hoja, con angustia, enfados, exigencias y miedos.
Y yo , de alguna manera,
también me quiebro a su lado,
de impotencia, desespero y pena.
*Busco y rebusco, como en los últimos años, dentro de esta pena contenida toda la serenidad que soy capaz, y llamo a filas de nuevo a la templanza, la paciencia, la ternura, la calma... que son una panda de tías majas...que ayudan mucho, la verdad.

Mientras tanto hoy a las 20.30h he repartido 95 alitas de pollo frito, he decorado una tarta de 35 porciones con piruletas, caramelos y un número 13, un número 15 y un número 16. He decorado un comedor enorme con guirnaldas, pósters, flores, dibujos y nombres fotocopiados en paredes rellenos de color de rotuladores, he cantado el "cumpleaños feliz" el "cumpleaños fatal" , he recibido besos y abrazos emocionados de chavales que en privado me susurraban al oído "muchas gracias", he salido en fotos con coloretes y una sonrisa enorme. Me he puesto una nariz roja de payaso y he hecho de mimo. Me han aplaudido. Me ha gustado.
Más temprano, a las 9.30h caminando por la estación de autobuses de Plaza de Castilla he encontrado ( o ella me ha encontrado a mí )en el suelo de un pasillo de metro, una pluma de color rojo, azul y negra con el reverso en verde agua marina . La extrañeza de este hallazgo insólito me ha acompañado todo el día, pues retrocedí varios pasos, la guardé como marcapáginas del libro de Borges que estoy leyendo; y la he ido acariciando varias veces en distintas horas. Borges me impacta, la pluma me impacta.
La imbatible dureza de la fragilidad.